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¿Qué puede ocasionar la desregulación en la microbiota intestinal?

La neuropsicóloga Lucía Vaquero Díaz escribe este artículo en el blog de Neuropsicología y Salud de la Consulta, en el que explica cuáles pueden ser las consecuencias de la desregulación en la microbiota intestinal.


La desregulación en el microbiota intestinal puede ocasionar deterioro cognitivo y/o trastornos emocionales.


¿Sabías que las alteraciones en el microbiota intestinal pueden causar deterioro cognitivo?

De forma global, este microbiota tiene un importante papel en el metabolismo y en la protección gastrointestinal, particularmente, metabolizando hidratos de carbono no digeribles, produciendo vitaminas y algunos nutrientes esenciales, y actuando como barrera frente a las infecciones por patógenos. Además, participa en la modulación de la respuesta inmune y endocrina, ya que actúa secretando neurotransmisores que comunican el intestino con el cerebro (Tuddenham y Sears, 2015). Un descenso de la diversidad microbiana está asociado a ciertas enfermedades, como patologías intestinales inflamatorias, cáncer colorrectal, obesidad y diabetes tipo 2, entre otras. Recientemente, se ha visto también que los microorganismos que habitan el tracto gastrointestinal pueden estar relacionados directamente con el desarrollo y función del sistema nervioso central, y que la disbiosis podría influir en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y la Enfermedad de Alzheimer (EA), e incluso afectar al comportamiento y humor (Rea y cols., 2019).


¿Qué ocurre durante el envejecimiento?

Debido al envejecimiento, el cerebro sufre cambios funcionales y anatómicos relacionados con la capacidad cognitiva. Estos cambios conllevan un deterioro cognitivo que se manifiesta de diferentes maneras, viéndose deterioradas diversas habilidades y funciones sensoriales, motoras y cognitivas, como la memoria y la velocidad de procesamiento (Herrera Martínez, Rodríguez Moratinos y Carrasco Romero, 2021). Estos cambios en las funciones cognitivas están relacionados con cambios estructurales del cerebro. Con la edad, se da una disminución en el volumen de la materia gris asociada a una posible muerte neuronal, a la acumulación del péptido β-amiloide (Aβ, que en exceso se relaciona con la EA) y a una disminución de las conexiones sinápticas entre las neuronas. Se ha observado que todos estos cambios del SNC, tanto funcionales como estructurales, están relacionados con procesos fisiológicos como la neuroinflamación y el estrés oxidativo, debido a un aumento de las especies reactivas de oxígeno y al funcionamiento del sistema inmune. De forma global, todos estos procesos aceleran el envejecimiento y, por lo tanto, favorecen el declive de las funciones cognitivas y la estructura cerebral (Rea y cols., 2019).


Es interesante la relación existente entre la composición del microbiota intestinal y la función cognitiva

Se ha constatado que las bacterias que habitan en el tracto gastrointestinal tienen una gran influencia en la neurogénesis y el desarrollo neuronal, además de estar involucradas en procesos inflamatorios que se relacionan con múltiples patologías, incluidas aquellas que afectan al sistema nervioso. La acumulación de estas tiene una gran importancia en la cognición, ya que provocan un estrés oxidativo en el organismo (Herrera Martínez, Rodríguez Moratinos y Carrasco Romero, 2021). Consecuentemente, los cambios que afectan a la composición y diversidad del microbiota intestinal, están relacionados con cambios en la cognición. A su vez, la disbiosis intestinal está asociada con modificaciones fisiológicas del tracto gastrointestinal, entre las que se incluyen: el incremento de la permeabilidad de la mucosa intestinal y diversos procesos inflamatorios. Esto afecta, por supuesto, al microbiota intestinal y, como consecuencia, al sistema nervioso (Herrera Martínez, Rodríguez Moratinos y Carrasco Romero, 2021). De hecho, la inflamación producida debida a la proliferación de bacterias nocivas, es una de las mayores causas que promueven el deterioro cognitivo, no sólo en el contexto del envejecimiento normal, sino también en los trastornos neurológicos y las enfermedades neurodegenerativas. Por ello se puede asumir, que las modificaciones en el microbiota pueden estar asociadas a cambios en las habilidades de memoria y aprendizaje (Tuddenham y Sears, 2015).


Enfermedades neuropsiquiátricas


Otro punto importante es que el microbiota intestinal influye en el equilibrio de la salud y actúa como regulador de distintas funciones del organismo, alteraciones en la producción de neurotransmisores, en la concentración de metabolitos pudiendo causar y hormonas. En esta dirección, los expertos han datado al microbiota como uno de los factores patogénicos que intervienen como causa de enfermedades neuropsiquiátricas, por ejemplo, el trastorno de espectro autista, trastorno por déficit de atención y/o hiperactividad, ansiedad y depresión (Garza-Velasco et al., 2021).


El Trastorno de Espectro Autista (TEA) comprende una serie de enfermedades, su causa no está establecida y se establece una interacción entre genética y ambiente. En la actualidad, existe acuerdo en la comorbilidad de síntomas gastrointestinales (diarreas, dolor abdominal, estreñimiento...) y el aumento de la permeabilidad intestinal en el desarrollo del trastorno (Guillot, 2020).


Entre las medidas para el tratamiento de TEA, se plantea corregir los desequilibrios del ecosistema intestinal mediante la toma de probióticos y alimentación controlada para el equilibrio del microbiota (Garza-Velasco et al., 2021).


Los eventos de las señales del eje bidireccional de la microbiota-intestino-cerebro han llamado la atención hacia otras afecciones del comportamiento, como el Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad (TDAH) (Guillot, 2020).


El rol de la participación del microbiota intestinal en interrelación con los eventos del cerebro es de probable factor ambiental, aunque aún queda mucho por demostrar, en especial, acerca de la identificación de los taxones bacterianos que intervienen en el desequilibrio del microbiota, y, por tanto, en la disbiosis y la participación de la dieta en ella (Guillot, 2020).


Por su lado, las investigaciones experimentales en animales relacionadas con la ansiedad han demostrado en los ratones libres de gérmenes una conducta de ansiedad, lo que ha hecho considerar que la posibilidad de regular el microbiota intestinal podría mejorar los síntomas ansiosos (Garza-Velasco et al., 2021).


Con respecto a la depresión, en un estudio de una población de personas deprimidas se observó que las bacterias del género Faecalibacterioum y Coprococcus, productoras ambas de butirato; se asociaron con indicadores de mejor calidad de vida. Además, la ausencia de bacterias Dialister y Coprococcus era la expresión del estado de agotamiento presente en los deprimidos (Guillot, 2020). También se descubrió que el Coprococcus tenía una vida biológica asociada a la dopamina (neurotransmisor que influye en la salud mental) (Garza-Velasco et al., 2021).


Estos resultados aportan argumentos acerca de la depresión clínica, pudiendo estar relacionados con la presencia de ciertas bacterias en la composición del microbiota intestinal, aunque es necesario evaluar el papel de las dos cepas bacterianas mencionadas (Guillot, 2020). Si te interesa este tema, recomiendo consultar los libros de la autora española Blanca García-Orea; la nutricionista que nos descubre, de una forma revolucionaria, la manera de alcanzar un adecuado bienestar emocional y físico a través del cuidado del microbiota intestinal.


La autora comparte las claves para entender cómo influyen las bacterias intestinales en los pensamientos y en la conducta, y su papel en las enfermedades y en la calidad de vida (Haro, 2020). La buena noticia es que el microbiota intestinal es modificable y, aunque el códigogenético sea desfavorable, si se siguen unos buenos hábitos de vida (buena alimentación, ejercicio físico, descansar adecuadamente, no alcohol ni tabaco, etc.), no se tienen por qué desarrollar determinadas enfermedades, aun teniendo una predisposición genética (Haro, 2020).


En ‘Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes’ se encontrarán pautas para mejorar la microbiota intestinal y consejos para leer etiquetas de algunos alimentos y saber cuáles elegir. También se descubren más de 50 recetas sencillas y saludables para desayunos, meriendas, comidas, cenas y postres, que pretenden inspirar y ayudar a ser el protagonista de la propia salud física y mental (Haro, 2020).


La clave es entender el lenguaje que habla tu intestino, y así alcanzar un equilibrio de salud física, cognitiva y emocional.




Referencias bibliográficas:


-Haro, B. G. O. (2020). Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes. Grijalbo.


-Garza-Velasco, R., Garza-Manero, S. P., & Perea-Mejía, L. M. (2021). Microbiota intestinal: aliada fundamental del organismo humano. Educación química, 32(1), 10-19.


-Guillot, C. C. (2020). Microbiota intestinal y trastornos del comportamiento mental. Revista Cubana de Pediatría, 92 (2), 1-15.


-Herrera Martínez, A., Rodríguez Moratinos, A. B., & Carrasco Romero, C. (2021). Relación entre el microbiota y la función cognitiva en personas mayores.


-Rea, K., Dinan, T. G., & Cryan, J. F. (2019). Gut Microbiota: A Perspective for Psychiatrists. Neuropsychobiology, 62, 50–62.


-Tuddenham, S. & Sears, C. L. (2015). The Intestinal Microbiome and Health. Physiology & Behavior, 176(1), 139–148.


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