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Dopamina y "Felicidad"

La psicóloga Natalie Haaker Bullard escribe este artículo para el blog de Neuropsicología y Salud de la Consulta, en el que habla sobre la dopamina y su relación con la "felicidad".



Actualmente, estamos sumergidos en una constante búsqueda de felicidad. Esto ha generado gran cantidad de libros, blogs, páginas de Instagram y podcasts. Aunque es subjetiva y varía en cada individuo, vemos que toda persona tiene el objetivo de “alcanzar la felicidad” y, por lo tanto, orienta sus conductas hacia ello.


            Pero ¿qué implica realmente esta búsqueda, y cuáles son los factores neurológicos subyacentes de la felicidad? ¿Realmente es algo posible de obtener?


            Por un lado, se dice que la felicidad es un estado de ánimo transitorio, derivado de una secuencia de reacciones fisiológicas, influenciadas por neurotransmisores e incitaciones químicas, todo ello enmarcado por un contexto ambiental. De estos neurotransmisores, del que más se ha hablado, y el que más impacto tiene en esta sed de “felicidad” es: la dopamina.


La dopamina regula la búsqueda saludable de recompensas. El sistema de recompensas del sistema nervioso, al cual pertenece la función de la dopamina, gobierna y regula respuestas a estímulos que experimentamos. De este modo, en base a lo que uno esté viviendo, este sistema le podría “recompensar” con placer, o “castigar” con disgusto, así como establecer deseos o, al contrario, anhedonia. Este proceso se da mediante la liberación y la recaptación de sustancias químicas, así como otros estímulos, los cuales actúan como señales y mensajes en el sistema.


            Este sistema de recompensas está compuesto por diferentes estructuras cerebrales y procesos neurobiológicos, que trabajan para asociar estímulos (como sustancias o actividades) con un resultado (positivo o negativo). Por lo tanto, la liberación de dopamina generaría esta sensación de recompensa, placer, a ciertos estímulos, dándonos esa sensación de “felicidad”.


De esta forma, esta “felicidad”, o sentimiento de recompensa, llegaría a ser una gran proporción de lo que regula el comportamiento. Esta sería la razón por la cual se buscan los estímulos placenteros. Por ejemplo, es posible que el antojo por el dulce se deba a una preferencia evolutiva, que busca el consumo de alimentos ricos en calorías para sobrevivir. Es por esto también, que los principales reforzadores neurales del sistema de recompensas son: el alimento, el sueño y el contacto físico.


            Sin embargo, el centrarse únicamente en estímulos placenteros, puede conllevar a comportamientos compulsivos y adicciones, lo que puede suponer una amenaza para la salud mental. Debido a esto, la búsqueda de la “felicidad” se vuelve complejo. Por otro lado, cultivar un estado de bienestar sostenible puede ser la clave para una vida saludable.


            El bienestar implica la adopción de hábitos y estrategias de autocuidado, las cuales van más allá de episodios momentáneos de felicidad. Para ello, es necesario implementar prácticas como la meditación, la alimentación saludable, el ejercicio físico regular y la gratitud. De esta forma, así como se desea y busca estímulos placenteros, uno podría trabajar para asociar estas prácticas en su sistema de recompensa.


            Una diferencia, es que las prácticas de bienestar traen la recompensa a largo plazo, a diferencia de otros estímulos cuya recompensa es inmediata. Al adoptar estos hábitos, se fortalecen los circuitos cerebrales vinculados entre la recompensa (dopamina) y la resiliencia, lo cual es fundamental para nuestro bienestar y nuestra salud mental.


            En conclusión, se ha observado una creciente sed de “felicidad”, en donde se buscan estrategias rápidas y fáciles para mantener y extender sensaciones y experiencias placenteras. Desde la neurociencia, este fenómeno estaría vinculado al rol de la dopamina en el sistema de recompensas del sistema nervioso. Sin embargo, parece que habría en ello una necesidad más profunda de bienestar. Es importante reconocer cómo el cerebro puede moldearse para promover la estabilidad física y mental a largo plazo a través del mismo sistema de recompensas (dopamina). De esta manera, priorizar el bienestar nos ofrece una perspectiva más integral y sostenible para una vida plena y satisfactoria.

 

Referencias bibliográficas

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