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Las alteraciones neuropsicológicas en los trastornos del dolor crónico

La psicóloga Ana María Moreno Martínez escribe este artículo para el blog de Neuropsicología y Salud de la Consulta, en el que explica las alteraciones que se producen a nivel neuropsicológico en el dolor crónico.

El dolor crónico se define como la sensación, o el indicador corporal, de que algo no se encuentra bien. Es un dolor persistente durante más de tres meses, o que se repite con una frecuencia relativa de meses, semanas o años. Cuando es agudo, el dolor tiene una función protectora que ayuda a identificar que algo no va bien, sin embargo, esta función protectora se pierde cuando el dolor se hace crónico. En el dolor crónico las alteraciones físicas pueden provocar cambios conductuales producidos por modificaciones en circuitos neurales por un procesamiento psicológico alterado.


Las regiones cerebrales que aparecen implicadas en este tipo de procesamiento son las cortezas somatosensoriales S1 y S2, la médula espinal, el tálamo, la ínsula, la corteza prefrontal, la corteza cingulada anterior, áreas mesencefálicas y estructuras subcorticales como el hipocampo, los ganglios basales y la amígdala.


Prácticamente, la totalidad de los pacientes con dolor crónico sufren depresión y/o ansiedad. El dolor crónico puede provocar depresión o ansiedad, o bien puede agudizar estos problemas si ya existen previamente.


Se comprueba que cada individuo tiene una percepción distinta de la condición fisiológica de su propio cuerpo dependiendo de su estado emocional. Los niveles de estrés, depresión y/o ansiedad a los que esté sometida la persona, influyen en la tolerancia y percepción del dolor. La ínsula anterior está implicada en este proceso.


Se evidencia que el dolor tiene un efecto negativo en la atención y en el desempeño cognitivo, por algún funcionamiento alterado en las regiones cerebrales involucradas en la cognición. Cuanto mayor es el dolor que el paciente sufre, mayor dificultad presenta para prestar y mantener la atención, lo que puede llegar a dificultarle, o incluso a impedirle, realizar tareas de la vida cotidiana, como conducir. También hay estudios que concluyen que la distracción supone una reducción de los niveles de dolor.


Es importante la relación entre dolor y alteración de la percepción, de ello es un buen ejemplo la percepción del miembro fantasma en la que la terapia de espejo y la estimulación sensorial llegan a corregir las anomalías perceptivas con un importante alivio del dolor crónico.


El dolor crónico afecta claramente a los procesos de aprendizaje y memoria. Las personas con dolor crónico muestran inhibición en las funciones ejecutivas y en la memoria de trabajo. Se evidencia que a veces una conducta relacionada con el dolor como cojear, puede mantenerse por miedo para evitar un posible dolor o para llamar la atención de otras personas. Resulta complicado determinar si es realmente el dolor crónico el causante de ciertos déficits cognitivos porque en la gran mayoría de los pacientes con dolor crónico están presentes los problemas depresivos. Resulta necesario realizar más estudios que permitan profundizar en este punto para poder determinar si es el dolor crónico lo que causa o agrava los déficits cognitivos o, por el contrario, es la depresión la causante de ellos. La causa de los problemas de memoria no tiene por qué ser siempre la misma, pueden ser causados por la medicación que toma el paciente para aliviar el dolor, pueden tener su causa en el estado depresivo que suele acompañar a estos pacientes, o pueden ser parte del problema de déficit de atención que presenta en muchos casos. Lo que se confirma es que las dificultades mnésicas complican la vida de los pacientes y aumenta su malestar.


Es importante motivar adecuadamente al paciente con dolor crónico para que mantenga una rutina de actividades cotidianas que le permitan realizar cierta actividad física y aumentar su socialización. Algunas técnicas cognitivo-conductuales que han resultado eficaces para el control del dolor son las técnicas de relajación, hipnosis, o las técnicas de distracción usando imágenes guiadas que provocan un efecto placentero en el paciente. También es importante evitar reforzar el dolor y las conductas desadaptativas. Por ello, hay que motivar al paciente y son importantes los estímulos tanto de refuerzo como aversivos (se usarán unos u otros dependiendo de cada situación particular).


En conclusión, las alteraciones neuropsicológicas provocan trastornos que suelen agravar el dolor. Ante el dolor crónico es normal que el paciente sienta miedo, desesperanza y tristeza, no obstante; reducir esos sentimientos llevará a mitigar el dolor y a brindarle bienestar y mejorar su calidad de vida.


Para ello, es esencial la aplicación de una terapia cognitiva-conductual por un equipo multidisciplinar en el que neurólogos, psicólogos y psiquiatras contribuyan cada uno con sus conocimientos y habilidades específicas.



Referencias bibliográficas

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