Probióticos y prebióticos para controlar la irritabilidad por TDAH y TLP
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La psicóloga Lorena Heredero escribe este artículo para el blog de Neuropsicología y Salud de la Consulta, en el que habla sobre la relación intestino-cerebro en TDAH y TLP.

La certeza de que una simple alteración en la cantidad de microorganismos que conforman el intestino pueda afectar no sólo a nivel de salud física, sino también, a nivel de salud mental y psicológica, resulta impactante.
A lo largo del transcurso de los últimos años, la neurociencia ha centrado el foco de su investigación en el papel que ejerce la microbiota o ecosistema intestinal en la salud tanto a nivel físico como mental del individuo. Además, estudios corroboran cómo una equilibrada y regulada microbiota intestinal en pacientes diagnosticados de Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), ejerce efectos positivos sobre la sintomatología emocional, cognitiva, fisiológica y conductual. Sin embargo, una alteración en la composición de esta flora puede agravar dichos síntomas y empeorar la calidad de vida del paciente. En estos últimos casos, se recomienda el consumo de probióticos y prebióticos, al éstos lograr reequilibrar el medio intestinal y aliviar la sintomatología asociada.
Pese a ser ambos trastornos categorial y clínicamente diferentes, el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), comparten matices destacables. Irritabilidad, impulsividad o dificultades a la hora de regular el mundo emocional, son algunas de las características coincidentes. Será vital comprender algunos conceptos propios de la neurología, neuropsicología y anatomía antes de detallar los motivos por los que, probióticos y prebióticos resultan efectivos a la hora de reducir irritabilidad anímica o impulsividad en pacientes con TLP o TDAH.
El ser humano y su organismo, contiene una importante cantidad de microorganismos que conviven en regiones corporales diferentes. Este conjunto conformado por bacterias, hongos u otros organismos, se denomina microbiota, y lleva a cabo funciones imprescindibles para un adecuado e íntegro desarrollo.
El conjunto de microorganismos que habitan la zona intestinal, se denomina microbiota intestinal. Se estima que el colon, se corresponde con la región más densamente poblada en cuanto a microbiota se refiere. Cuando la composición de esta flora se encuentra en equilibrio (eubiosis), la microbiota intestinal es capaz de, no únicamente ejecutar funciones relacionadas con la protección del organismo, nutrición, metabolismo, y el desarrollo del sistema inmunológico; sino adicionalmente de influir en la funcionalidad cognitiva y emocional del individuo. De manera opuesta, una alteración en la composición natural de este ecosistema o disbiosis generará disfuncionalidad a la hora de proteger, nutrir, metabolizar, desarrollar el sistema inmunológico, o establecer una comunicación saludable entre intestino-cerebro que potencie funciones afectivas, cognitivas o fisiológicas propias del individuo mentalmente sano.
Para poder comprender de manera más amplia cómo la naturaleza de la flora intestinal repercute en la salud psicológica y mental del individuo, ha de concretarse y entenderse la relación existente entre intestino-cerebro. La comunicación establecida entre ambos órganos (a través del nervio vago o vía sanguínea), es de índole bidireccional. Ello implica que toda actividad intestinal regulada por el microbiota influye directamente en el funcionamiento del cerebro o Sistema Nervioso Central (SNC) y viceversa. De esta manera, cuando el microbiota intestinal se encuentra en equilibrio (eubiosis), se posibilitan funciones como, la síntesis de neurotransmisores implicados en la sana regulación emocional y funcionamiento cognitivo (serotonina, dopamina, GABA…), la prevención de una liberación descontrolada de cortisol (hormona implicada en el estrés) y se impide el paso de tóxicos a la sangre y al cerebro que puedan potencialmente dañarlo o inflamarlo. De manera opuesta, una alteración en la microbiota intestinal o disbiosis puede impedir la síntesis de dichos neurotransmisores, potenciar la liberación de cortisol, e inflamar el cerebro, factores que potencialmente, generan sintomatología emocional y cognitiva. Y no sólo la generan, sino que, en psicopatologías tal y como Trastorno Límite de Personalidad (TLP), o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), puede ser agravada. Irritabilidad, impulsividad u otras huellas comunes a ambos trastornos, se ven incrementados a raíz de una disbiosis o alteración en la composición normativa del microbiota intestinal.
Por ende, una alteración en la composición usual de la microbiota intestinal o disbiosis puede no sólo influir en el origen y desarrollo de patologías de corte físico (colon irritable, gastritis, alergias, enfermedades autoinmunes…), sino, además, generar y agravar sintomatología cognitiva y emocional en sujetos sanos o con psicopatología tal y como Trastorno Límite de Personalidad (TLP) o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Una de las soluciones propuestas a la problemática de la disbiosis y sus repercusiones tanto a nivel físico como psicológico, se concreta en el consumo de probióticos, prebióticos y simbióticos. De manera breve, el probiótico puede definirse como un conjunto de microorganismos vivos que, ingeridos en cantidades adecuadas, pueden generar beneficios saludables en el individuo que los consume. El probiótico se destina a revertir las disbiosis, y reequilibrar el microbiota intestinal alterada para que funciones de protección, metabolismo, nutrición o comunicación intestino-cerebro, propias de este ecosistema, puedan volverse a ejecutar de manera sana y adaptativa. Las principales especies de microorganismos que integran el probiótico, se corresponden con el Lactobacillus, Bifidus, Saccharomyces Boulardii, Streptococcus Termophilus y Escherichia Coli. El probiótico, suele integrarse en alimentos (kéfir, yogurt, chucrut…) o medicamentos varios. El prebiótico, se constituye como un componente no digerible presente en alimentos (ajo, cebolla, granos integrales, soya, manzana, alimentos ricos en fibra u otros) que estimulan el crecimiento de los microorganismos que conforman el microbiota intestinal, o fomentan el desarrollo, funcionalidad y efecto de los probióticos. De manera coloquial, podría afirmarse que el probiótico “alimenta” al probiótico. Adicionalmente, alimentos o suplementos que integran tanto probióticos como prebióticos, se denominan simbióticos. Algunos ejemplos, se concretan en yogurt o la leche materna.
Si la acción conjunta del probiótico y prebiótico, se destina a reequilibrar los microorganismos o componentes del microbiota intestinal, revertir la disbiosis, y reestablecer funciones propias de una flora sana, no sólo existirá una repercusión positiva a nivel físico, sino que, además, la comunicación establecida entre intestino-cerebro se verá reforzada y fomentada, incidiendo beneficiosamente en la salud mental y psicológica del individuo. El microbiota intestinal reequilibrada por el probiótico y prebiótico, posibilitará pues la producción de neurotransmisores implicados en sanos procesos de gestión emocional (serotonina, dopamina, GABA…), la prevención de una excesiva liberación de cortisol, y otras muchas funciones imprescindibles a la hora de regular emociones intensas y atravesar estados de irritabilidad anímica. Este hecho, brinda así luz y esperanza en lo referente al tratamiento y mitigación de síntomas tanto cognitivos como emocionales que manifiestan pacientes diagnosticados con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La irritabilidad en casos de TLP o TDAH, puede de esta manera verse aliviada con la ingesta de probióticos y prebióticos.
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