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Explorando las “huellas cognitivas” del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)

La psicóloga Ángela Mulet escribe este artículo para el blog de Neuropsicología y Salud de la Consulta, que trata sobre las consecuencias del TEPT a nivel cognitivo.


Los eventos traumáticos, marcados por el terror y la indefensión, amenazan la integridad física y psicológica de las personas, dejándolas en un estado que a menudo resulta abrumador. ¿Hemos considerado alguna vez cómo enfrenta la mente estas experiencias impactantes y cómo pueden afectarnos a largo plazo? 

 

El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), lejos de ser un término abstracto, es una realidad compleja y desafiante que surge como una respuesta persistente y arrolladora ante experiencias traumáticas. ¿Nos hemos preguntado alguna vez cómo se vive con TEPT y cómo afecta a las personas en su día a día?

 

Este trastorno, afecta tanto las dimensiones emocionales como cognitivas de quienes lo padecen, marcando profundamente la forma en que perciben y procesan la realidad. Cualquier persona podría experimentarlo, sin importar género, edad o posición social. Eventos impactantes, son reconocidos como desencadenantes significativos del TEPT. Sin embargo, no debemos subestimar la importancia de otras circunstancias aparentemente menos intensas, como relaciones perjudiciales o entornos laborales tóxicos, ya que podrían ser desencadenantes también del desarrollo de este trastorno. Por tanto, es de relevancia subrayar que la percepción individual de la intensidad del trauma puede variar de unos a otros, y lo que podría parecer insignificante para algunos puede tener un gran impacto en otros. 


Una investigación reciente realizada por la Universidad de Duke, publicada en la revista Molecular Psychiatry, ha arrojado nueva luz sobre los síntomas neurocognitivos asociados con el TEPT, centrándose en el papel esencial del cerebelo. Los resultados de este estudio revelan que los adultos con TEPT muestran diferencias significativas en el tamaño de su cerebelo, particularmente en el lóbulo posterior y el vermis. Estas áreas específicas del cerebelo están vinculadas a funciones cognitivas y procesamiento emocional, respectivamente. 


El lóbulo posterior del cerebelo, según la investigación, es donde se concentran las diferencias en el tamaño observadas en individuos con TEPT. Esta región está asociada con funciones cognitivas, que abarcan procesos mentales superiores como la atención, la memoria, el lenguaje y la resolución de problemas. Las alteraciones en el lóbulo posterior podrían explicar los síntomas cognitivos que a menudo se observan en personas con TEPT, proporcionando una nueva perspectiva sobre cómo el cerebelo puede estar implicado en estos aspectos de la condición. 


Aunque no está claro si un cerebelo más pequeño predispone al TEPT o si el trastorno lo reduce, los hallazgos sugieren que estas diferencias podrían influir en los síntomas cognitivos y emocionales. La investigación propone la posibilidad de intervenciones como la estimulación cerebral en el cerebelo para mejorar los tratamientos del trastorno de estrés postraumático. Este estudio enfatiza el papel esencial del cerebelo en los síntomas neurocognitivos del TEPT, ofreciendo información valiosa para una comprensión más profunda y estrategias de tratamiento más efectivas. 

 

En este contexto, sumergirnos con mayor detalle en este trastorno y su impacto en nuestra mente se vuelve imprescindible para una comprensión más completa de sus exhibiciones.  El  TEPT puede manifestarse a través de diversos conglomerados de síntomas que impactan en la función mental. Estos síntomas varían entre personas, pero generalmente incluyen desafíos en la memoria, concentración afectada, pensamientos intrusivos y alteraciones en las habilidades de toma de decisiones.


Imaginemos que la mente es como un ordenador que procesa información. Cuando una persona experimenta TEPT, sucede algo similar a un 'cortocircuito' en este sistema. Los síntomas neurocognitivos del TEPT son como códigos que dejan huellas en el software de la mente, afectando su funcionamiento.   


Por ejemplo, la memoria puede verse afectada, como si el “disco duro” de la mente tuviera problemas para acceder a ciertas memorias debido a daños en una parte llamada el hipocampo. La concentración también puede fallar, ya que la mente está distraída por pensamientos traumáticos que persisten, como si estuvieras tratando de concentrarte con un ruido constante en el fondo. 

Los pensamientos intrusivos son como ventanas emergentes no deseadas en la pantalla mental, relacionadas con eventos traumáticos, y afectan las áreas cerebrales vinculadas a la memoria y las respuestas emocionales. Tomar decisiones se vuelve difícil porque el miedo a situaciones peligrosas afecta la capacidad del cerebro para ejecutar funciones como evaluar riesgos. 


La mente también procesa información más lentamente, como si tu ordenador estuviera funcionando con un software pesado, y la atención sostenida se ve afectada por la hipervigilancia y distracciones constantes. Incluso la percepción del tiempo puede cambiar, creando la sensación de que el reloj se ralentiza o acelera durante o después de eventos traumáticos. 


Estas “huellas cognitivas del TEPT”, que varían de persona a persona, son testigos silenciosos de experiencias pasadas. Incluyen la incapacidad de recordar aspectos importantes del suceso traumático, comúnmente debido a la amnesia disociativa y no a otros factores como lesión cerebral, alcohol o drogas. Además, según el DSM-5, se reflejan en creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo, pensamientos como "estoy mal," "no puedo confiar en nadie," "el mundo es muy peligroso," o "tengo los nervios destrozados." También se manifiestan en una percepción distorsionada y persistente de la causa o las consecuencias del suceso traumático, llevando a que el individuo se acuse a sí mismo o a los demás. 


Abordar estos desafíos requiere los enfoques terapéuticos precisos, como la terapia cognitivo-conductual o EMDR, que actúan como programas antivirus para la mente, contribuyendo a restaurar su funcionamiento normal. Aunque estas huellas no siempre están presentes, emergen de vez en cuando, subrayando la complejidad del impacto del TEPT en nuestra función mental. Este recordatorio nos recuerda la importancia de buscar ayuda especializada para gestionar efectivamente estas manifestaciones, brindando así un camino hacia la recuperación y el bienestar mental. 



 

Al Jowf, G. I., Ahmed, Z. T., Reijnders, R. A., de Nijs, L., & Eijssen, L. M. (2023). To Predict, Prevent, and Manage Post-Traumatic Stress Disorder (PTSD): A Review of Pathophysiology, Treatment, and Biomarkers. International journal of molecular sciences24(6), 5238.


Huggins, A. A., Baird, C. L., Briggs, M., Laskowitz, S., Hussain, A., Fouda, S., ... & Morey, R. (2024). Smaller total and subregional cerebellar volumes in posttraumatic stress disorder: a mega-analysis by the ENIGMA-PGC PTSD workgroup. Molecular Psychiatry, 1-13.


Martin, A., Naunton, M., Kosari, S., Peterson, G., Thomas, J., & Christenson, J. K. (2021). Treatment guidelines for PTSD: a systematic review. Journal of Clinical Medicine10(18), 4175.


Morrison, J. (2015). DSM-5® Guía para el diagnóstico clínico. Editorial El Manual Moderno.

 

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