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Efectos de los tratamientos del TDAH en el funcionamiento ejecutivo

La psicóloga Inés Silva Herrando escribe este artículo para el blog de Neuropsicología y Salud de la Consulta, en el que explica los efectos de los tratamientos del TDAH en el funcionamiento ejecutivo.



El trastorno por Déficit de Atención/ Hiperactividad (TDAH) es un trastorno neuropsiquiátrico que afecta a un gran número de niños y adultos y de gran interés en el ámbito médico. Las tasas de TDAH se sitúan en torno al 1-4% en la población escolar y entre el 3-4% en adultos (Cardo, Severa y Llobe-ra; Cardo y Servera). De entre los tratamientos ofrecidos se observa un enfoque predominante en el uso de fármacos como la Atomoxetina o la Lisdexanfetamina. También se ofrecen terapias cognitivo-conductuales como el entrenamiento cognitivo computarizado; o la TCC basada en atención plena.Más allá de la atención del TDAH centrada en los medicamentos, surge la pregunta crucial de si estos pueden impactar en el funcionamiento ejecutivo más allá de los síntomas básicos del TDAH.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de impacto en el funcionamiento ejecutivo? ¿Qué son las funciones ejecutivas? ¿Qué ocurre cuando están alteradas? El funcionamiento ejecutivo hace referencia a la capacidad para realizar procesos mentales fundamentales para el día a día como la planificación, el razonamiento, la toma de decisiones, la inhibición, la flexibilidad, la ejecución dual, la multitarea. Asimismo, dentro de las funciones ejecutivas se incluye la memoria de trabajo. El término “memoria de trabajo” es concebido como un sistema cerebral que permite el almacenamiento temporal y la manipulación de la información que se necesite para tareas cognitivas complejas como el aprendizaje, razonamiento o la comprensión del lenguaje. (Gathercole, Alloway, Willis & Adam, 2006; Baddeley, 1986; Just & Carpenter, 1992). Presentar dificultades en el funcionamiento ejecutivo supone un límite en el día a día de las personas pues se ve dificultada la capacidad de establecer un trabajo independiente, la autonomía, poder mantener los hábitos de autocuidado, además de una ejecución poco fiable de los planes,la dificultad en la toma de decisiones y el bajo autocontrol de impulsos. Una lesión o deficiencia en esta función limita de manera evidente la vida de las personas, por lo que se hace necesaria la investigación que esté al servicio de dar con un tratamiento que aborde una solución para pacientes con esta dificultad.


Después de esta introducción cobra más sentido la pregunta inicial de si los tratamientos pensados para el TDAH pueden tener un impacto en el funcionamiento ejecutivo. Aunque no existe un tratamiento específico para abordar las funciones ejecutivas, a través de un estudio exhaustivo, se ha ido explorando esta cuestión llegando a conclusiones de gran interés para estos pacientes.

Este estudio mantiene como criterios de inclusión el enfoque en adultos diagnosticados con TDAH según el DSM-5, incorporando investigaciones que utilizan medidas de funciones ejecutivas y que evalúan la eficacia del tratamiento, con la presencia de un grupo control. Los instrumentos utilizados para medir las funciones ejecutivas fueron BADDS, que además de ser específico para el TDAH, incluye cinco subescalas que abarcan la activación (la capacidad de organizarse); el enfoque (la distracción); el esfuerzo (la velocidad de procesamiento y el estado de alerta); la emoción ( regulación de frustración e ira); memoria (capacidad de memoria de trabajo y recuerdo); y BRIEF-A, con tres índices y nueve subescalas que miden el BRI (Índice de regulación de la conducta); y IM (Índice de metacognición; GEC (índice global). De los tratamientos estudiados, se abordan tratamientos como la atomoxetina, sales de anfetaminas como la lisdexanfetamina y SPD465 junto con Terapia Cognitivo Conductual (TCC) que incluye el entrenamiento cognitivo computarizado como la TCC basada en atención plena.

Se encuentran evidencias de que los tratamientos para el TDAH en adultos impactan las capacidades ejecutivas de auto-regulación. No obstante, se observa como varía la magnitud de estos efectos dependiendo de los estudios y del tratamiento. Por ejemplo, en el uso de Atomoxetina se observan efectos de pequeños a grandes.En cambio, en las sales de anfetaminas los efectos fueron de pequeños a medianos así como de la TCC, cuyos efectos también fueron de pequeños a medianos. Se detecta una variabilidad en la proporcionalidad del cambio entre las funciones ejecutivas y los síntomas centrales del TDAH. En algunas ocasiones se muestra como los síntomas de las funciones ejecutivas mejoran más que los del TDAH (1.44). Sin embargo, también se observan puntuaciones que muestran una mejora en los síntomas del TDAH más que en las funciones ejecutivas (0.65).


Por último y tras esta exposición, queda latente la posibilidad de considerar estos fármacos como la puerta a poder enfrentar los síntomas ejecutivos. Además, se hace necesaria la investigación de los profesionales de la salud que aboguen por ampliar la mirada con respecto a la comprensión del TDAH, tratando no solo los síntomas centrales sino su impacto en las funciones ejecutivas pudiendo llegar a un conocimiento integral de esta dificultad. Un objetivo secundario de estas investigaciones podría ser evaluar los predictores de la mejora en la función ejecutiva que incluyeran la gravedad, el tipo de desafíos, la comorbilidad y las adaptaciones ambientales o estrategias de adaptación conductual previas al tratamiento. Como consecuencia, se podrá ofrecer un novedoso horizonte tanto para los pacientes con TDAH como para las personas que padecen un impacto significativo en su vida diaria por déficits en el funcionamiento ejecutivo, que mejore la salud mental y la calidad de vida de nuestros pacientes.


Referencias

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Ester L. Antolí Meseguer; Balma Gómez Vicente. (2014, May 12).

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