• Carlos Chiclana (Psiquiatra)

¿Por qué mi novia se hace bicho bola?


Articulo publicado por Carlos Chiclana para El Confidencial Digital.

Me llegó un mail de Agustín. Sólo había una frase: ¿Por qué mi novia se hace bicho bola? Como no lo sabía le envié un poema de amor de Pablo Neruda: Me gustas cuando callas porque estás como ausente/ y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca./Parece que los ojos se te hubieran volado/ y parece que un beso te cerrara la boca.

Neruda veía con ojos amorosos a aquella mujer, pero a veces nos quedamos callados y replegados sobre nosotros mismos para defendernos de algo, como hace el bicho bola que no huye ni ataca, se hace una bola y espera que pase el peligro.

Al bicho bola también se le conoce como chanchito de tierra, keka o marranito y tiene la capacidad de enrollarse sobre sí mismo, formando una bola cuando se siente amenazado. Es habitual encontrarlos en lugares húmedos y oscuros, como debajo de las piedras, y se alimentan de detritus. Un estilo de vida apasionante.

Algo así hacía mi amigo José Javier algunas mañanas cuando íbamos juntos en el autobús. Ya en el lenguaje no verbal se veía que esa mañana venía hecho bicho bola: la cabeza gacha, la mirada esquiva, los brazos replegados sobre el pecho. No valía la pena preguntarle qué pasaba. El bicho bola no contesta. Era seguro que estaba preocupado, que había tenido bronca en casa o que estaba enfadado con algún amigo. Había que acercarse con cautela, hacerle ver que ibas en son de paz, para que poco a poco se fuera desplegando y te mostrara las heridas que traía ese día.

Los días que estaba bien le intentaba hacer ver que no valía la pena hacerse bicho bola, que era más beneficioso para él contar directamente qué pasaba que estar dándole vueltas y alimentándose de detritus. Los días buenos podía hacer suya esa letra que nos aporta la sabiduría popular de una canción de El Canto del Loco: y hoy me pregunto por qué/ me quise tan poco, y me encerré/ dando vueltas y vueltas a algo que yo creé. / Y por pensar tengo un millón de cicatrices/ soy un escudo, soy hipersensible, una barrera al corazón.

Para evitar hacernos bicho bola será bueno que adquiramos asertividad. Una persona asertiva es aquella que es capaz de comunicar lo que piensa, lo que quiere y lo que siente de una forma activa y con iniciativa, evitando los dos extremos, la agresividad y el comportamiento pasivo. Este último deja pasar oportunidades, facilita que abusen de uno o que no nos entiendan.

Hay fantasmas que rondan nuestro interior cuando callamos y estamos como ausentes. Podemos pensar que es poco delicado decir lo que quiero, que puedo molestar y estropear la relación que tengo con esa persona. Esto hacía Lorena, una chica preocupadísima por los demás en actividades parroquiales, de tanto ocuparse de otros y olvidarse de sí misma sin darse cuenta de que ella también tenía sentimientos, preocupaciones y cansancio, se rompió. Por no decir que no, por no contarle a nadie sus harturas de los problemas de los demás y sus necesidades de descanso. Iba hecha bicho bola por la vida, siempre replegada.

Podemos pensar que será vergonzoso si digo lo que siento; que si me dicen que no, será que no le gusto o que no me quiere; que no tengo derecho a cambiar de opinión; que es mejor que las personas mantengan sus sentimientos dentro de ellas; que no quiero molestar a los otros con mis problemas, pero son falsas premisas que nos llevarán al huerto húmedo del bicho bola, bajo la piedra de nuestras preocupaciones donde sólo encontraremos detritus para alimentarnos.

Un engaño frecuente es el “error del adivino”. Pensamos que los demás deberían saber cómo me siento, como si tuvieran el don de la adivinación o un lector bluetooth de pensamientos ajenos. Así hizo Mariana cuando exigía perspicacia a su marido que, efectivamente, no era el tío más sagaz al este del condado de Maryland.

Mariana iba a ir a hacerse una prueba médica que le daba pavor. Su marido, con su falta de perspicacia, no había organizado su horario para poder acompañarle, pero vio a su mujer hecha bicho bola. Habría sido mejor que ella se adelantara y le pidiera que se organizara para acompañarle, dándole una oportunidad para quererle. Pero bueno, así las cosas, él le preguntó qué ocurría. Ella le contó lo de la prueba médica. Él se ofreció a cambiar su horario, pero ella lo rehusó. Con este estilo de comunicación es difícil que nos sigan preguntando cuando nos vean hechos bicho bola.

Me gustas cuando callas y estás como distante./Y estás como quejándote, mariposa en arrullo./Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: /Déjame que me calle con el silencio tuyo. Nos puede ayudar tomar los salvavidas que nos lanzan aquellas personas que perciben que algo nos ocurre. A veces un simple ¿qué tal? al llegar a casa, en el trabajo o al encontrarnos con un amigo es una gran oportunidad para contar de verdad qué tal estamos. Aunque estemos en un arrullo quejumbroso y lo oigamos desde lejos, dejemos que esa voz nos alcance y nos hablen con su silencio en escucha.

Hace unas semanas me encontré con un amigo del que yo sabía por terceros que tenía multitud de problemas. Le pregunté qué tal y me contestó con otra pregunta: ¿te digo bien o te cuento? Le pedí que me contara.

Comunicar de forma abierta lo que nos ocurre facilitará una adecuada autoestima porque nos ayudarán a ser más objetivos al valorar lo que está pasando. Esto promoverá sentimientos de competencia y de significancia, pues no nos quedamos nosotros solos esperando que pase la tormenta, sin saber si nos va a matar. Nos dará mayor sentido de las cosas que hacemos y combatimos así el egocentrismo narcisista, que tiene siempre justificación para todo y razones irracionales que enrocan al corazón en su autosuficiencia.

Es bueno abrir las ventanas y ventilar como nos anima Jarabe de Palo: ¿De qué tienes miedo?/ a reír y llorar luego/ a romper el hielo/ que recubre tu silencio/ Suéltate ya y cuéntame/ que aquí estamos para eso / pa lo bueno y pa lo malo / llora ahora y ríe luego. Nos quedaremos más serenos como remacha de nuevo El Canto del Loco: Que gran liberación que siento hoy /al recorrer poquito a poco el corazón /que está más fuerte, sabe qué quiere y ya no se esconde.

Cuando comunico “esto es lo que pienso”, “así es como me siento”, “veo la situación de esta manera”, facilitamos que nos entiendan y nos puedan querer mejor, que nos ayuden como verdaderamente necesitamos y así disminuiremos la tensión interna y la intranquilidad. Déjame que te hable también con tu silencio/ claro como una lámpara, simple como un anillo./ Eres como la noche, callada y constelada. /Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Sofía cambió su estilo de comunicación con su jefe. Antes obedecía a todo en silencio, trabajaba más horas de las convenidas y sus jefes se empeñaban en decirle que no estaba llegando a los objetivos. La semana en que empezó a decir lo que pensaba y lo que quería, le dijo a su jefe que no iba a hacer una tarea porque no se encontraba entre sus funciones. Esa semana las cosas cambiaron. Para empezar, en el interior de Sofía, que se sintió mucho más libre y sus jefes reflexionaron y le dijeron que estaban muy contentos con ella.

En la asertividad tenemos una tarea diaria muy enriquecedora para nosotros y los que nos rodean. Así seremos capaces de saber qué queremos de los demás, de decir no a las peticiones de otros, expresar opiniones o emociones como amor, ira, aprecio o cualquier otra. La podemos ejercitar con actos sencillos como dar las gracias, pedir favores, iniciar y mantener conversaciones, rechazar peticiones, expresar opiniones personales o defender tus derechos y necesidades.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente. /Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa bastan. /Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Una palabra, una sonrisa bastan, Agustín, para que sepas que tu novia sigue siendo ella y no el bicho bola que ves. Aprovecha esa palabra y despliega su interior para que entre el aire alegre de la vida.

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