• Carlos Chiclana. Psiquiatra

13 reasons why, mentiras que matan


Carlos Chiclana piensa la serie 13 razones en forma de carta a la protagonista para la sección Personajes & Personas de la revista FilaSiete.

Hey Hannah! He escuchado tus cintas, hablado con tus antiguos compañeros, tus padres y profesores. Tu relato me ha resultado muy, muy, muy conocido.

Desgraciadamente, lo he escuchado muchas veces. No es una apología del suicidio. Es una estupenda descripción de una historia que acaba muy mal. Con ojos de psiquiatra y psicoterapeuta se aprecia una narrativa real. Quizá creías que al menos tu muerte serviría para salvar a otros.

Tu relato es el de una persona confundida y no acertaste con la puerta de salida. Es totalmente creíble y, como casi todas las historias que terminan en suicidio, tienen una mezcla de verdad y de mentira, porque el relato tiene trampas.

Cuando empecé a escuchar las cintas, me vino a la memoria una paciente a la que intentaba ayudar tras un intento de suicidio, que me decía “lo he hecho para darles en toda la cara a mis padres y hermanos”. ¿Lo tuyo fue por despecho, por venganza y rencor, por sentimientos de insuficiencia, de incapacidad, de minusvalía, por sentir que no había otra manera de seguir adelante y pasar página? Que cada uno lo valore tras escucharte hasta el final,es importante escuchar las 13 cintas.

Espero que tu interés no fuera que otros adolescentes te imitaran. ¿Sabías que el 3% de los suicidios ocurren por imitación de noticias, películas y series? Me hubiera gustado escucharte otra historia. Una en la que contaras cómo liberaste a un instituto del acoso, que luego te fuiste a estudiar a Nueva York, llegaste a congresista y cambiaste el sistema legislativo norteamericano para erradicar el acoso en las escuelas gracias a la educación desde la infancia. Pero no, nos cuentas la historia de una adolescente con muchos problemas personales.

Es cierto , lo sé…

Es cierto que te acosaron y que te hicieron muchísimo daño, nadie lo duda. Sé que el acoso existe y que no es una nota a pie de página. Muchos de los pacientes mayores de edad que atendemos llevan marcas y heridas hechas por el acoso recibido en colegios e institutos, porque hay quienes han manoseado su intimidad, les han manipulado o insultado.

No indiferente lo que se hace a otros compañeros, no son cosas de niños sin más. Muchos siguen sangrando por ahí, a otros les han salido alas en las cicatrices. Ojalá te hubiera conocido volando. Estaré loco, pero al menos puedo volar. Al escucharte tengo claro que presentabas psicopatología, pero el público general no está formado para captar esos matices. Las heridas te habían generado síntomas disociativos, dificultades para la mentalización, sentimientos de culpa y una baja estima intensa.

No has sido sincera en eso, no podías, claro, por eso el guion de tu relato es fiel a la realidad interpretada por una adolescente con heridas muy hondas. Siempre aparecías tan guapa, tan bien pintada y con una sonrisa arrebatadora; en las cintas tu voz es tan agradable y seductora que no cuadra del todo con alguien que se suicida. Sí cuadra que estabas traumatizada. Todo puede ser, cada persona es un mundo. Un mundo maravilloso que merece ser vivido, no destruido. Lo siento mucho por tus padres.

¿No fue suficiente su amor? Te querían y lo sabes, tenían detalles, te animaban a soñar, tenían complicidad, comunicación profunda e intimidad contigo. ¡Qué momentazos los del coche antes del baile y las conversaciones con tu madre en las que te valida y te anima a soñar! Ni siquiera unos padres sanos y medio normales fueron suficientes para ti. Eso nos deja algo indefensos, parece que ni siendo buenos padres se pueden atajar estos problemas. Esto es discutible, porque una familia tiene mucho más poder que todo un instituto acosador, pero no es irreal, lo reconozco.

Quizá te daba mucha vergüenza reconocer que no te encontrabas bien,que te estaban haciendo un daño inmenso,que te maltrataban al igual que a otros. Es importante que tu muerte sirva al menos para que otros sepan que se puede pedir ayuda cuando no te encuentras bien, cuando te están acosando y cuando te entran ganas de desaparecer, pase lo que pase alguien te puede ayudar. Es verdad que te fallaron algunos. Hannah, si fuiste capaz de grabar todas esas cintas, ¿no podrías haber organizado un buen lío para pedir ayuda y denunciar a los maltratadores?

Quererse a una misma en la adolescencia no es fácil, tantos cambios, decisiones importantes sobre los estudios, la relación con padres y amigos, qué hacer con los tóxicos y el sexo, y lo más difícil: cómo quererse a una misma.

Tú y todo el grupillo del instituto“Libertad”, ¡qué ironía!, teníais miedo a la intimidad, a la verdad, a ser auténticos. Es una epidemia de este siglo: fear to intimacy. Si abres las puertas de tu interior te pueden hacer daño, mejor que estén cerradas. Podrías habernos dado algún contraste con algún compañero estable. Pero claro, no estabas bien y no tenías ojos para eso. Si algo queda claro en tu relato es el daño que hace la mentira.

También es cierto que tenías admiradores de verdad y al mejor tío de la clase enamorado de ti hasta las trancas. Creo que en el siglo XXI también una chica se puede declarar, conquistar y ser clara con un tío, ¿no? ¿O resulta que ahora cambiamos el discurso y el tío tiene que salvar a la chica en plan héroe?

En tus cintas parece que todos los profesores son estúpidos y que el psicólogo del instituto no se entera de nada. Puede ser que eso ocurriera en el tuyo, pero en casi todos los institutos hay alguien que te quiere, a quien pedir ayuda.

Puedes consolarte pensando que al menos tu muerte servirá para que se hable del acoso escolar y del suicidio en los adolescentes. Pero, ¿no te entran remordimientos de todos aquellos que, precisamente porque no tienen apoyos, están solos en su casa escuchándote? La soledad era una fiel amiga tuya, os mirabais a los ojos sin pudor.

Esos adolescentes que no tienen con quien comentar tu historia, a esos puedes hacer mucho daño. Los que te escuchen comentándolo con sus padres o profesores, pueden aprender mucho, en eso te doy la razón. Tu historia es real como la vida misma y le faltan algunos ingredientes para quesea verdadera.

Porque parece que no podías confiaren nadie y no era verdad. No cogiste la mano de las personas que intentaron ayudarte. Tony siempre te escuchó y no pudo tener un mal día en que no estaba para escucharte, y ahora parece que es parte culpable de tu muerte y anda por ahí intentando redimirse de un pecado que no cometió.

Gritar la verdad

Perdona que sea un poco descarnado: tus cintas son ambivalentes y manipuladoras sin mala intención, tienen parte de verdad y de mentira, lo normal en el relato de una persona con graves heridas. Es necesario escucharlas con mucho cuidado para separar el grano y la paja. No son justas todas las acusaciones que haces y tú no perdonas a aquellos que te piden disculpas, no aceptas la responsabilidad de tus actos, tú también pusiste motes a Clay, trampas a Zach, rechazas a varias personas, no pides ayuda de forma directa, no sigues a tu corazón ni tus sueños, no fuiste capaz de perdonarte a ti misma. ¿Esto indica que eres culpable? No, indica que estabas sufriendo mucho, no estabas bien, te habían fastidiado la vida y no sabías cómo salir.

Ojalá hubieras venido a nuestra Consulta para que pudiéramos haberte ayudado a desarrollar tu autonomía e independencia,a poner límites, a decir no, a pedir ayuda y dejarte ayudar,a desarrollar habilidades para adaptarte, a tolerar la frustración y no depender de los demás, a decir las cosas claras, a ser más sincera y tener más asertividad, a perdonar y perdonarte. A pasar la crisis de la adolescencia.

Ahora estás muerta y nunca leerás esta carta. Tienes razón, con el suicidio tu sufrimiento se termina, pero cuando quieres morirte también existen otras vías para terminar con ese sufrimiento. Tenías medios a tu alcance y dentro de ti había partes que querían vivir, a esas son a las que quiero poner volumen, para animar a otros a gritar la verdad, aunque sea muy dolorosa.

Carlos Chiclana

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