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Vademécum de fortaleza para tiempos recios

En el periódico El Debate, Ana Rodríguez de Agüero realiza una reseña sobre el último libro del Dr. Carlos Chiclana, "Tiempo de fuertes, tiempo de valientes", considerándolo una valiosa ayuda para crecer y madurar en tiempos de pandemia.



Reconocido psiquiatra y conferenciante, además de profesor de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, el doctor Carlos Chiclana ha escrito un libro que imprescindible en estas épocas convulsas que nos ha tocado vivir, acerca de «una virtud que pueda servir como antídoto al miedo», en atinada cita de Frank Furedi.


Parece que la fortaleza no goza de buena prensa últimamente. Confundida con otras cosas, como, por ejemplo, la imposible invulnerabilidad; postergada en pos de la «resiliencia» cuando en realidad la precede y hace posible; identificada a veces con una «fuerza de voluntad» que es poco más que voluntarismo…


El doctor Chiclana dedica los primeros capítulos del libro a deshacer equívocos, definiendo correctamente la fortaleza y consiguiendo entusiasmar al lector con ella: «La fortaleza es firmeza de espíritu, especialmente en las dificultades. Proporciona constancia en la búsqueda de la virtud (…) es la voluntad de ir libremente más allá del llamado del deber, de hacer sacrificios, de actuar según las propias convicciones (…) nos hará más buenos, mejores personas, más nosotros mismos, con mayor capacidad de amar: a uno mismo y a los demás». ¿Quién no querría poseer esta virtud?


El falso fuerte

También realiza un esfuerzo para intentar «desmitificar» falsas imágenes sobre el fuerte, y así habla de «aspirinas agotadas» para referirse a «personas que parecían muy fuertes y generosas (…) parecían aspirinas para el dolor de los demás y estaban agotadas porque no se cuidaban, ni pensaban en ellas, ni buscaban lo bueno para sí mismas». Decapar al «falso yo», reconocer los límites y las debilidades, zambullirse en la realidad, aprender a bailar con la incertidumbre… son algunas de las valiosas pistas que nos da.


El tono ameno y desenfadado en que está escrita la obra, además de los numerosos recursos que acompañan al texto (tablas resumen, diagramas, cuestionarios, y códigos QR que enlazan a los audiovisuales que el autor recomienda sobre los temas tratados) no distraen del eje discursivo que la vertebra: la necesidad –siempre, y más aún en estos años de pandemia, tan marcados por el miedo– de conocer y cultivar esta virtud, de modo individual y también familiar.


La fortaleza en familia

Los últimos cuatro capítulos se dedican, precisamente, a la educación en familia de la fortaleza. La tendencia actual a la sobreprotección hace mucho daño a los niños, porque les convierte en esclavos de la seguridad que les proporciona otro, en lugar de impulsar su autonomía, su voluntad que es «capacidad de hacer lo que queremos de verdad».


El autor analiza de forma muy amplia la responsabilidad y capacidad de acción de los padres: para marcar límites, escuchar, acoger y abrazar, ilusionar… desde la primera infancia hasta la adolescencia. Con el fin de comunicar «que tienes energía, y esa energía es buena»: es tarea de los padres «ayudarle a encauzar bien esa energía y que conduzca con seguridad el coche de su vida, que tenga los neumáticos adecuados».


Es este un libro que ayuda a reflexionar sobre la propia vida, sobre cómo estamos viviendo (para qué, para quién…), sobre el motor del cambio, sobre el bien posible… y tantos otros aspectos fundamentales. La pandemia «te sitúa en un escenario que puede ayudar a que tu identidad se haga más presente (…) muchos se han hecho más conscientes de su realidad personal y se han puesto al volante de su vida».

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