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¿Quién manda en tu vida?

  • blog7684
  • 4 nov 2023
  • 4 Min. de lectura

El Dr. Carlos Chiclana escribe este artĆ­culo para la revista Omnes sobre dominar la propia vida.




Hablaba con una persona muy ocupada en sus tareas profesionales y en sus atenciones apostólicas, y a la vez muy acelerada y con picos de ansiedad. Le preguntĆ© ĀæQuĆ© obstĆ”culos hay para que te conviertas –de una vez por todas- en el seƱor de tu casa? Ocupado sĆ­, y con seƱorĆ­o. Con muchas tareas, sĆ­, y con elegancia. Lleno de proyectos, sĆ­ y con serenidad. Se quedó sorprendido y contento con la pregunta. ā€œNo lo sĆ©, pero me la llevo y voy a pensarloā€.


Fíjate, tú eliges a quién entregas el poder en tu vida: a ti y a la dirección personal de tus actos, al exterior que te pide que hagas cosas, a las apetencias interiores, a las dependencias de personas.


Dominar estĆ” relacionado con distintas palabras latinas como ā€œdominareā€, tener bajo su poder, con el prefijo de domus (casa). AsĆ­, podrĆ­amos decir que quien domina es el seƱor/seƱora de la casa, del hogar; y tambiĆ©n se referĆ­a al dominus (maestro). AsĆ­, el dueƱo y seƱor del hogar, decide quiĆ©n entra en la casa y hasta dónde. Es conocedor del entorno, del sistema y de las personas que llaman a la puerta desde fuera, asĆ­ como de los asuntos internos de la casa. Es muy consciente y estĆ” atento para decidir quĆ© hacer y tener el equilibrio dentro de sĆ­ mismo. Cuando el equilibrio estĆ” dentro de ti, tu yo estĆ” tranquilo y sano, y los demĆ”s respetan tu casa. Cuando entregamos el poder a ā€œlos de fueraā€, el yo se agota y a veces nace una especie de egoĆ­smo, que no tiene una raĆ­z moral contraria a la generosidad, sino que es necesario para sobrevivir.


Sin embargo, para poder tener el equilibrio dentro de uno mismo es necesario poner el foco de atención también hacia fuera, en el exterior. Contactar con la realidad y dejarse afectar por las personas para poder decidir en consecuencia, y en coherencia, con la naturaleza real de las cosas.


No se trata de tener la casa cerrada, las persianas bajadas y la luz apagada, sino de decidir quién entra en nuestra morada interior y quién no, hasta dónde entra y para qué. Para facilitarte esta toma de decisiones, dominar (señorear) tu vida y elegir lo bueno para ti, puedes observar, mirar, considerar y reflexionar, y después decidir en consecuencia. Estas preguntas a continuación te ayudarÔn a ejercitarte, al principio quizÔ como un anÔlisis de laboratorio, pero luego los harÔs de forma natural.


1.- ¿Quién hay o qué hay? Alguien que pide algo. Una situación que pide que se intervenga. Un ambiente que parece obligar a reaccionar de una determinada manera. Expectativas sobre mí.

2.- ¿Qué es o quién es? Describe la situación, la persona, el ambiente, las circunstancias y el tipo de relación: pastoral, institucional, familiar, filial, laboral, amistosa.

3.- ¿Qué tiene que ver conmigo? Aquí tienes un filtro para priorizar. DependerÔ de si es una persona, una situación, algo material; si es muy querida para mí o que depende de mí por los motivos que sean; en qué medida me he comprometido antes o si es algo novedoso. Por ejemplo, no es lo mismo que te pida dinero un señor por la calle que tu hermana pequeña, que sea un asunto de tu pastoral o del barrio, que tú seas responsable por compromiso previo o que sea de nuevas.

4.- ĀæQuĆ© pide? Los demĆ”s tienen ā€œderechoā€ a pedirnos lo que les parezca oportuno. Ante el vicio de pedir, tenemos la virtud de no dar. No depende de nosotros que nos pidan mĆ”s o menos, cada quiĆ©n que pida lo que le parezca, que ya decidirĆ© yo cómo respondo.

5.- ¿Qué necesita? Puede que la petición no coincida con lo que necesita. Un señor que te pide dinero por la calle, puede que necesite un trabajo o formación. Un sistema que te pide que hagas lo de siempre puede necesitar un cambio por tu parte. Esto nos sirve de nuevo como coeficiente de ajuste para comprender mejor la situación y lo que finalmente vamos a elegir para dar o no dar.

6.- ¿Qué sé dar? Si sé o no sé darle lo que pide y/o necesita, nos ayudarÔ también a tomar la decisión de lo mÔs bueno para mí, en equilibrio con lo bueno para el otro.

7.- ¿Qué le puedo dar? La plausibilidad de dar o no dar, también te sirve como medida.

8.- ¿Qué le quiero dar? Independientemente de que yo tenga lo que me piden, se lo sepa dar y se lo pueda dar, tengo margen para decidir si se lo quiero dar o no, por los motivos que sean. Para poder elegir lo bueno para mí, es necesario tener también la posibilidad de no elegirlo. Elegir lo bueno no serÔ obligado, sino querido.

9.- ¿Cómo lo quiero dar? En última estancia yo decidiré en qué modo y manera doy lo que se me estÔ pidiendo, sea exactamente cómo lo pidieron o con las variaciones en intensidad, tiempos, medidas, etc., que vea yo oportunas.



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