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La autonomía emocional

El psicólogo Borja López Crespo escribe este artículo sobre la autonomía emocional, qué elementos se deben tener en cuenta para su adecuado desarrollo y la importancia que tiene la educación en este tipo de autonomía.



La autonomía emocional es la capacidad o competencia de ser independiente y actuar según las propias decisiones. Etimológicamente, autonomía procede de «auto», que significa «por sí mismo», y de «nomos», que significa «sistematización de las leyes, normas o conocimientos de una materia específica». La autonomía emocional, por tanto, supone la facultad para pensar, sentir y decidir por uno mismo, asumiendo las consecuencias de los actos propios y responsabilizándose de quién se es, cómo se es y qué se hace. Además, implica un equilibrio – un término medio – entre la dependencia emocional y la desvinculación. Es decir, entre la búsqueda externa de control dada la inseguridad o incapacidad de gestionarse uno mismo, y la elusión de todo vínculo afectivo.


Adquirir autonomía respecto de sus cuidadores es una de las principales tareas evolutivas que deben resolver las personas a lo largo de su vida. El ser humano es el animal más inmaduro en el momento de su nacimiento y, por tanto, depende plenamente de los cuidados de sus progenitores. La vinculación afectiva toma especial importancia aquí, dado que es a través de ella donde el menor pasará de ser totalmente dependiente a ganar dicha autonomía.


La vinculación afectiva se define como la capacidad de establecer lazos afectivos con otras personas. Estos lazos se construyen y mantienen a través de la presencia y disponibilidad o la ausencia e indisponibilidad del otro. Además, la vinculación afectiva implica las construcciones mentales – los esquemas – que derivan de la interacción con los demás, e irán configurando la idea que tenga el menor de sí, de los demás y del mundo que le rodea.


El primer vínculo afectivo se forma entre el bebé y su cuidador, generalmente la madre, antes del primer año de vida. Este vínculo intenso se llama apego. El apego es esencial para el desarrollo sano del bebé, ya que, a través de él, sus figuras de apego le proporcionarán seguridad y confianza; lo que de adulto se traducirá en ser una persona segura de sí misma y poder tener relaciones sanas con los demás.


La vinculación afectiva es dinámica, es decir, varía a lo largo del tiempo. A rasgos generales se puede decir que en la infancia la vinculación es con los padres, en la adolescencia con los compañeros y en la adultez con la pareja.


Una vinculación afectiva exagerada puede llevar a desarrollar dependencia emocional; en el extremo opuesto, la incapacidad para establecer relaciones afectivas con otras personas supone la desvinculación afectiva. Tanto la desvinculación como la dependencia emocional pueden ocasionar dificultades en las relaciones, tanto con los demás como con uno mismo. De ahí, la importancia de generar desde pequeños una adecuada autonomía emocional.



Elementos a tener en cuenta para el correcto desarrollo de la autonomía emocional

La autonomía emocional es un concepto amplio que engloba una serie de elementos relacionados con la autogestión, entre los que podemos destacar:

- Autoestima: la autoestima implica tener una imagen positiva de sí mismo, estar satisfecho y mantener buenas relaciones consigo mismo. Nathaniel Branden propone seis pilares a los que prestar atención para desarrollar una autoestima adecuada. Estos son:

· Vivir conscientemente: es decir, ser personas que nos analicemos, nos hagamos preguntas, tratar de mirarnos para poder mejorar.

· Aceptación de uno mismo: esto no se puede hacer sin conectar con nuestro niño interior ¿cómo ha sido nuestra infancia?, ¿cómo nos trataron?, ¿qué nos dieron?, ¿qué nos faltó?, etc. La respuesta a estas preguntas ayuda a comprender cómo somos de adultos y entender nuestras “mochilas".

· Responsabilidad: una vez soy capaz de mirarme a mí mismo y aceptarme tal y como soy, toca entender que es nuestra responsabilidad hacer algo para mejorar en aquellos aspectos que queramos. A veces es pidiendo ayuda. Vs. victimismo o resignación.

· Asertividad: capacidad de expresar derechos, gustos, deseos a los demás, desde el respeto. Capacidad de decir no.

· Vivir con un propósito: no podemos tener buena autoestima sin propósitos. Sin una ruta/meta. Hay pocas cosas que generen más ansiedad que la incertidumbre. Tener unas metas permite luego evaluar si nos acercamos o no.

· Integridad: promover autoestima en los demás. Ser ejemplo, tratar al resto con respeto. No etiquetar, no juzgar, dejar espacio, poner límites y dejar ser a los demás como son.

- Automotivación: es la capacidad de movilizarse a uno mismo e implicarse emocionalmente en actividades de la vida personal, social, profesional…

- Actitud positiva: capacidad para tener una actitud positiva y constructiva ante la vida, sentirse optimista y capaz al afrontar retos.

- Responsabilidad: supone la interiorización de responsabilidades y la intención de moverse desde conductas seguras, saludables y éticas, así como asumir las consecuencias. Algunas formas de enseñar a los más pequeños a desarrollar una motivación interna son:

· Dar ejemplo

· Asignar tareas acordes a su edad y su capacidad

· Mostrarles los resultados obtenidos por cumplir sus responsabilidades

· Confiar en ellos

· Proporcionarles un “andamiaje”, es decir, asesorarles y acompañarlos en el proceso

- Autoeficacia: es la confianza en la propia capacidad para alcanzar los resultados pretendidos. Albert Bandura identificó 4 factores que influyen en la autoeficacia:

· Experiencia: es el factor más importante que determina la autoeficacia de una persona. El éxito aumenta la autoeficacia, mientras que fallar la reduce.

· Modelado, o "experiencia vicaria": el modelado se experimenta como: "Si pueden hacerlo, yo también puedo hacerlo".

· Persuasión social: se manifiesta como estímulo o desánimo de otra persona. El desánimo generalmente es más efectivo para disminuir la autoeficacia que el estímulo para aumentarla.

· Respuesta psicológica: percepción e interpretación de los estados de ánimo, emociones, sensaciones y altos niveles de estrés. Aprender a gestionar el estrés y el estado de ánimo ayudará a mejorar la percepción de autoeficacia.

- Análisis crítico de las normas sociales: capacidad para evaluar críticamente los mensajes sociales relativos a normas y comportamientos.

- Resiliencia: la resiliencia es la capacidad de adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. Es importante trabajarla para evitar hacer niños “blanditos”, incapaces de gestionar la frustración. Es importante destacar la necesidad de otro en el desarrollo de la resiliencia. Según expertos, necesitamos de la solidaridad de los demás para, ante las heridas emocionales, recuperar la confianza en nosotros mismos y la capacidad de querer. En la actualidad, hay bastante acuerdo en que recibir un buen trato en la infancia proporciona las bases de una buena salud y que las experiencias de buen trato y respeto en la niñez dan lugar a personas resilientes.


Importancia de educar la autonomía emocional

Para concluir, es importante fomentar el desarrollo de la autonomía emocional desde el inicio, y teniendo presente los distintos contextos relacionales y sociales, ya que las personas con autonomía emocional estarán menos predispuestas a llevar a cabo conductas de riesgo, como el consumo de drogas, el vandalismo o la conducción temeraria, entre otras, como consecuencia de la presión grupal.


Finalmente, se puede decir que el desarrollo de la autonomía emocional debe ir acompañado del entrenamiento del resto de competencias emocionales, como son la conciencia emocional o la regulación emocional, de forma que se desarrollen personas equilibradas y competentes emocionalmente.



Referencias:

Bisquerra Alzina, R., & Escoda, N. P. (2007). Las competencias emocionales.

Bisquerra Alzina, R., y Pérez, N. (2007). Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, 61-82.

Rodríguez, M. F. (2013). La autonomía emocional. Revista de Claseshistoria, (5), 2.




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