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Del dolor al placer: el difícil camino de la sexualidad en mujeres con fibromialgia

La psicóloga Amalia Zarco publica este artículo para el Blog de Sexualidad y Salud de la Consulta, en el que expone la dificultad que presentan las mujeres con fibromialgia y la afectación en el área de la sexualidad y de la pareja.




Amurallar el propio sufrimiento

es arriesgarse a que te devore desde el interior

(Frida Kahlo)

Aunque el dolor físico y psicológico de Frida Kahlo estaba asociado a otras causas, la literatura ha definido a esta famosa artista como referente del dolor, designando con el término Fridas a las mujeres que padecen y sufren los síntomas asociados a la fibromialgia (Pineda, 2017).


A pesar de que a mediados del siglo XIX ya se hace alguna referencia a esta sintomatología, su historia médica es reciente. El término fibromialgia es introducido por primera vez en 1976 por Hench, siendo también en esta época, cuando se proponen los primeros criterios diagnósticos (Rico-Villademoros, 2014).

La Fundación Española de Fibromialgia recoge los síntomas y procedimiento actual del diagnóstico de la enfermedad. Se determina tanto la sintomatología común y la definición de los llamados “puntos gatillos”, 18 zonas comprometidas por el dolor, tensión y rigidez. El diagnóstico positivo suele darse, cuando se detectan al menos 11 de estos puntos catalogando la intensidad del dolor, junto con otra sintomatología como la fatiga generalizada y los problemas de sueño.


Desde la psicología, no podemos dejar de interesarnos y procurar desgranar los factores psicosociales, según los estudios realizados, por los que esta enfermedad es más frecuente en mujeres, unas 10 veces mayor que en hombres según la OMS o por qué presentan mayor severidad en los síntomas. Saber, por qué las llamadas Fridas son más proclives a la hipersensibilidad, la fatiga y al cansancio permanentes, en los que la sensación de falta de energía o los problemas del sueño, apagan cualquier actividad cotidiana, afectando incluso a la disminución transitoria de su memoria. Un compromiso que, desde esta disciplina, se determina en la búsqueda del bienestar y de fórmulas que aminoren el sufrimiento en las diversas áreas de su vida.

La fibromialgia se instala en el día a día de aquellas mujeres que la padecen, provocando cambios significativos en sus aspiraciones, condiciones y relaciones interpersonales. Les causa incertidumbre respecto a su futuro y aumento de sensación de dependencia e incapacidad (Sanabria y Gers, 2018), que son vividas a través de las restricciones que perciben en su cuerpo, entre las que se incluyen el placer y su sexualidad.

Nuestro cuerpo es el que toma contacto directo con el mundo externo. Es el que experimenta con las emociones, el que se transforma con el tiempo, el que rechaza, ignora, expresa estados de ánimo, es el que seduce, el que siente el dolor, pero también el que siente placer y deseo (Pineda, 2017).

Aproximadamente el 80% de las mujeres diagnosticadas con fibromialgia dicen tener dificultades en las relaciones sexuales y se afirma en algunos estudios, que el componente psicológico es el que más les afecta. La fatiga crónica y el dolor generalizado les propicia intolerancia al ejercicio físico. Las emociones alteradas, junto con la ansiedad, baja autoestima, la historia de abusos y la falta de comprensión o apoyo de la pareja, influyen directamente en la excitación, frecuencia, deseo sexual y en el orgasmo.

Pero además de los aspectos físico y psicológico, tenemos que considerar las causas farmacológicas (Sanabria y Gers, 2019). La administración, sobre todo de antidepresivos, se suma al galimatías de posibilidades de evitación de actividades placenteras y el rechazo a los encuentros sexuales.


En las relaciones de pareja, la estabilidad, el conocimiento mutuo, la intimidad y la madurez percibida, son factores que posibilitan el apoyo. Sin embargo, en los casos de conflictos previos, la fibromialgia se convierte en un aditivo más para el distanciamiento y afectación emocional negativa de la mujer que la padece.


Pero… ¿qué dicen estas mujeres respecto a sus vivencias en pareja y los cambios en su expresión erótica?

Los estudios que durante años han realizado Sanabria y Gers, nos dan algunas respuestas de cómo es la realidad de su vida cotidiana.

En cuanto a la relación y el día a día, muchas mujeres con este diagnóstico dicen sentirse comprendidas, si bien, otras afirman que, aunque el dolor está presente, hacen un esfuerzo por satisfacer a sus parejas y no renuncian a actividades placenteras (salir, quedar con amigos, hacer deporte). Otras, manifiestan que, aunque reciben la ayuda de su compañero, hay una tendencia a minimizar la importancia de su enfermedad, que es percibida como escepticismo hacia su dolor llevando a la pareja al conflicto. Los temores a la separación y distanciamiento del otro como consecuencia de sus limitaciones también están presentes. Las crisis vividas a raíz del diagnóstico y la carga diaria, son sentidas en muchos casos como una prueba de la relación, de la que ésta, puede salir fortalecida o sucumbir a la erosión del día a día.


Los temas de conversación se van limitando; hogar, trabajo, rutinas. De la enfermedad mejor no hablar. Es también una manera de silenciar su dolor, de no mostrar vulnerabilidad; evitar comentarios, explicaciones, la sobreprotección y la sobrecarga emocional de la otra persona, sensaciones que desencadenan posteriormente en un sentimiento de culpabilidad, incluso, en una empatía desmedida con la pareja, por tener que soportar su queja constante.

En cuanto a la expresión erótica, algunas encuestadas manifiestan que se va transformando en muestras de cariño, contacto físico, palabras o actividades de ocio. Se dan cuenta de cómo han ido desarrollando estrategias para evitar o posponer los encuentros sexuales. Afirman que no siempre es el dolor… también son la falta de ganas, la falta de deseo que encuentra la excusa en la enfermedad para quedarse dormidas.

En otros casos, el dolor percibido en las relaciones sexuales llega a ser tan intenso, que se transforma en una barrera para la relación dentro y fuera de la cama. La falta de lubricación, de deseo sexual, la fatiga y la irritabilidad que provocan, son desencadenantes de insultos y discusiones que posteriormente son percibidas por la mujer como injustas.

Fingir placer durante encuentro sexual es otra estrategia para evitar la frustración de la pareja. Si bien, algunas de ellas han decidido abiertamente manifestar su decisión de no querer tener relaciones sexuales, asumiendo el malestar, conflicto y riesgo para su relación. También reconocen la presión social para cumplir los roles de género. Este aspecto les causa conflictos internos respecto a sus creencias sobre el fracaso y la frustración. La mayoría de las mujeres afirman que los cambios de posición durante la actividad sexual, agudiza el dolor que sienten, lo que les impide por una parte innovar y por otra, conectar con el placer.


Sin embargo, otras manifiestan, sobre todo en la madurez, que han sido capaces de sentir su vida afectiva íntima y sexual de manera más agradable y cálida, ya que la aparición de la enfermedad ha propiciado más delicadeza, sensibilidad y pausa en la relación íntima. En estos casos, el placer no está vinculado al coito, sino a la estimulación de las zonas erógenas. La comunicación se ha convertido en una condición indispensable para la búsqueda del placer adaptado a sus nuevas condiciones (explorar, hablar, reírse y probar otras estimulaciones). Estas mujeres mencionaron, que durante las relaciones sexuales el dolor convivió con el placer, sin embargo, intentaron conectar más con el segundo, permitiéndoles ser más conscientes del juego sexual preliminar, para estimular el deseo y explorar los sentidos.


Otro cambio que manifiestan haber aceptado, es que no siempre pueden tener relaciones sexuales, sobre todo cuando hay un brote de dolor o fatiga. La mejor solución, afirman, es posponer el encuentro para un momento en que el dolor sea más soportable y han pasado a entender, que tienen que encontrar otras formas, estímulos y posturas que faciliten el placer frente al dolor, que siempre está presente, así como el uso de objetos o lubricantes para evitar los problemas de vaginismo o contracción vaginal.

¿Qué podemos hacer?

En resumen, estos son algunos de los recursos que podrían favorecer y adecuar la vivencia de la sexualidad femenina, frente a las condiciones impuestas por la molesta compañera que es la fibromialgia:


1) Comunicación con la pareja, pedir lo que gusta o resulte más asequible a cada momento del dolor y rechazar lo que lo incremente o incomode.

2) Incorporar y experimentar con posturas, especialmente con las pasivas, que equilibren y ayuden a centrarse más en el placer.

3) Practicar alguna técnica de estiramiento y movilidad músculo esquelética, como puede ser el pilates o yoga, así como técnicas de relajación y respiración que faciliten y entrenen la concentración.

4) Cambiar las prácticas y rituales en torno a la relación íntima, sin que éstos, tengan que estar relacionados siempre con el coito. Juegos o productos sexuales pueden ayudar a activar el deseo y la satisfacción sexual.

5) Anticipar y preparar el encuentro sexual; juegos preliminares, lentitud y delicadeza en el contacto, evitando los puntos más dolorosos o sin permanecer mucho tiempo en el mismo lugar del cuerpo.

6) Flexibilizar la relación y comprender al otro. Aceptar que no siempre será posible el encuentro, posponerlo para cuando el brote del dolor o fatiga se haya atenuado y sustituirlo por el contacto físico no sexual.

7) Consultar o pedir ayuda profesional especializada tanto en ámbito del dolor, sexología y psicología.

Cada mujer con fibromialgia es una historia diferente de sexo y placer, unas con pareja, otras sin ella. Sus relatos son experiencias de afrontamiento frente al dolor, al conflicto con los demás y consigo mismas. Historias de frustración, de temor a la crítica y juicio social de las que ellas hacen reserva de un tema tabú, que, en muchos casos, no se comparte ni tan siquiera en los espacios más privados (pareja, familia o amigos). Bajo la creencia de que “la sexualidad no importa”, no se menciona o no se pide ayuda abiertamente a médicos y especialistas, quienes por otro lado y con buen criterio, suelen recomendar relaciones sexuales frecuentes en la fibromialgia por la liberación de endorfinas y sus conocidos efectos antiinflamatorios y ansiolíticos. Sin embargo, antes de nada, es preciso establecer verdaderos “rituales” aceptados y compartidos de comunicación, complicidad y entendimiento, es preciso construir, ese camino que lleva del dolor al placer de las parejas que conviven con la fibromialgia.

Amalia Zarco Ocaña

Psicóloga

CM02728

REFERENCIAS

Centurión, N.B, y Sanches, R. (2016) La sexualidad en pacientes con fibromialgia: Descripción general de la producción científica. Revista da SPAGESP, 17 (2), 108-119. https://translate.googleusercontent.com/translate_f

Jiménez, T. M., Fernández, C., Hernández, J. M., Correa, M., Antequera, L. H., & Granero, J. (2017). Perceptions about the sexuality of women with fibromyalgia syndrome: A phenomenological study. Journal of Advanced Nursing, 73, 1646-1656. https://doi. org/10.1111/jan.13262

Pereira, A.(2017) Fibromialgia: El sexo y la revolución de las fibras. Proyecto Kahlo. Recuperado de: https://www.proyecto-kahlo.com/2017/04/fibromialgia/

Rico-Vallademoros, F. (2014) Evaluación de la función sexual en mujeres y hombres con fibromialgia. Tesis doctoral. Universidad de Granada. España.

Sanabria, J.P y Gers, M.(2018) Repercusiones del Dolor Crónico en las Dinámicas de Pareja: Perspectivas de Mujeres con Fibromialgia. Revista Colombiana de Psicología. Vol.28 (2), 47-61. doi: https://doi.org/10.15446/rcp.v28n2.71021

Sanabria, J.P & Gers, M.(2019) Changes in Erotic Expression in Women with Fibromyalgia. Psychology of Health. Vol. 29, e2923. doi:http://dx.doi.org/10.1590/1982-4327e2923

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